La novela de Jorge Posada y los Yankees parece estar llegando a su fin. La relación entre el conjunto y el cátcher boricua se tornó turbulenta este año y Posada dijo recientemente que considera casi imposible un regreso al Bronx.

Tras las salidas del también puertorriqueño Bernie Williams, el manager Joe Torre y ahora la polémica de Posada, me pregunto si la despedida entre una figura prominente y un equipo como los Yankees puede ser pacífica. La decisión de retener a un jugador por sentimentalismo obviamente es más conflictiva en un conjunto como los Yankees cuya meta de ganar año tras año está por encima de todo.

De pronto me viene a la mente el caso de Cal Ripken Jr., que fue el rostro de la franquicia de los Orioles por muchos años. Antes de retirarse en el 2001, Ripken jugó en apenas en 86 y 83 partidos en 1999 y el 2000, respectivamente.  Su promedio cayó de .256 a .239 del 2000 al 2001. Sin embargo, a diferencia de Posada, Ripken pudo salir de Grandes Ligas en sus propios términos. ¿Por qué? Porque en esas temporadas Baltimore estaba en el penúltimo lugar en el Este de la Liga Americana con pocas esperanzas de salir de ahí.

Quizás sea egoísta de mi parte como aficionada, pero me gustaría que, al igual que Ripken, Posada termine siendo uno de esos peloteros que juegan por un solo equipo. No me imagino a Posada en un uniforme que no sea el de los Yankees.

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