Juego de Estrellas presenta contradicción

NUEVA YORK — Se ha hablado hasta el cansancio de que, debido a sus números,  Derek Jeter no merece ser titular en el Juego de Estrellas. Ni el fanático más devoto de los Mulos puede ignorar que muchos paracortos en la Liga Americana, los principales siendo el venezolano Asdrúbal Cabrera de los Indios y el dominicano Jhonny Peralta de los Tigres, superan a Jeter en las categorías ofensivas de más peso. Sin embargo, el Capitán de los Yankees  ha encabezado a los campocortos del Joven Circuito en votos para el Clásico de Media Temporada desde que se hizo disponible la papeleta.

Considero que la polémica que desatan las selecciones de los aficionados cuando eligen a figuras populares y no a los más merecedores se debe a que no tenemos en claro cuál es el propósito del Juego de Estrellas. De hecho, considero que es contradictorio que el resultado del juego determine cuál liga tendrá ventaja de local en la Serie Mundial cuando son los aficionados los que elijen a los titulares.

Hasta cierto punto, se ha argumentado que el evento es principalmente para la diversión de los seguidores de Grandes Ligas y eso es justo lo que permitir que la fanaticada seleccione a los titulares parece indicar. De ser este el caso, las estadísticas pasan a segundo plano porque lo importante no es quién tenga el mejor promedio o el mayor número de jonrones, sino a quiénes quieren ver los aficionados.  El problema recae en que, al mismo tiempo, usamos las selecciones al Juego de Estrellas como indicación de excelencia en una temporada y ese criterio es engañoso. (¿Qué mejor ejemplo el hecho de que tanto los aficionados y como el manager Charlie Manuel dejaron a Carlos González fuera de la escuadra del Viejo Circuito en el 2010?)

El hecho de que, desde uno años para acá, el Juego de Estrellas tiene implicaciones para la postemporada lo cambia todo. Un evento que le da una ventaja crucial a una de las ligas en octubre no debe estar basado en la popularidad, ya que los managers de ambas ligas deben tener al mejor equipo posible a su disposición y gozar de la libertad para colocar en el terreno al mejor talento de la liga desde el primer inning.

Veo dos posibles soluciones. La primera sería restarle importancia al evento veraniego, tanto a la hora de enumerar los logros de los peloteros como a la hora de decidir quién tendrá ventaja de local en la Serie Mundial. La segunda opción sería quitarles el voto a los aficionados, o, para permitir que la fanaticada siga participando de alguna foma, dejar que seleccionen a sus favoritos, pero no necesariamente a los titulares.  Reconciliar la contradicción que existe en estos momentos entre el método de selección y las implicaciones del Juego de Estrellas le traería más respeto al evento.

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